Entre Tokio, Nueva York y la desintegración de la Unión Soviética, Keizo Kitajima convirtió la fotografía de calle en una forma de encuentro directo. Formado en el entorno de Daido Moriyama, desarrolló un lenguaje visual basado en la proximidad, el movimiento y la contingencia. Sus imágenes sitúan con frecuencia a los transeúntes frente a la cámara, anulando la distancia entre observador y observado. Aunque sus primeras obras adoptan la intensidad granulada asociada a Provoke, series posteriores como New York y USSR 1991 incorporan un uso vibrante del color y una atención particular a los momentos de transformación social. Ya sea en la vida nocturna de Tokio, en las calles de Manhattan o durante los últimos meses de la Unión Soviética, Kitajima utiliza la fotografía como una forma de entrar en el mundo antes que de describirlo.