Objetos, antigüedades y cacharros kitsch. No le hacemos ascos a nada que arrastre una historia.

Una máscara que susurra, una silla saturada de memoria, un juguete que un día presenció el llanto. El Gabinete como zona de tránsito: cada pieza abre una fisura, cada fisura un mundo.

De animales disecados a máscaras tribales, de lámparas brutalistas a muebles desplazados: fragmentos de vidas y sentidos extraviados. Reunidos no por utilidad —casi nunca la tienen— sino por su capacidad de inquietar, acompañar y sostener una mirada.