OBRAS PINTADAS
En Darwin, la pintura es contacto. El pincel y el lápiz conllevan vacilación, presión y corrección. El color puede ser intenso o contenido, pero la mano siempre está presente. Diferentes épocas, estados de ánimo y temperamentos comparten espacio sin alinearse. Lo que los conecta es la superficie —el gesto sostenido en el tiempo— donde la mirada se convierte en fricción y el significado se forma a través del tacto, más que del estilo.