Daido Moriyama

Moriyama entra en Darwin como abrasión: imágenes que rechazan la legibilidad, buscando el desenfoque, el grano y la sobreexposición. Agudiza nuestra predisposición hacia la vigilancia, la deriva y la evidencia dañada. Las calles se convierten en sistemas nerviosos; los cuerpos parpadean como señales. Lo mantenemos para insistir en la fotografía como compulsión, no como registro, donde la autoría se filtra, el deseo se acelera y la visión se corroe en movimiento. Tokio persiste como telón de fondo, presión, residuo; las imágenes nocturnas persisten.