En Darwin, Ediciones Anómalas se sitúa allí donde el fotolibro se convierte en secuencia, presión y superficie: cerca de las construcciones japonesas del ritmo, y también de las líneas españolas de sombra, ruina y ternura forense. Volvemos a ella por su inclinación hacia el libro como una perturbación contenida, no como un contenedor. Una lección recurrente aquí: la edición como atmósfera, la exactitud material como deriva narrativa e insistencia a través de las obsesiones más silenciosas de Darwin.