Sakiko Nomura surgió cerca de Nobuyoshi Araki, pero desarrolló una mirada propia, convirtiendo cuerpos, habitaciones, flores y paisajes en secuencias privadas donde el deseo se encuentra con la desaparición. Sus negros ocultan tanto como revelan. A través de Akio Nagasawa, el fotolibro se vuelve táctil e íntimo: el papel, la escala, la encuadernación y la secuencia conducen la fotografía hacia el secreto, el duelo y lo invisible más allá de la imagen.