Tamiko Nishimura comenzó a fotografiar en el Japón de finales de los sesenta, dentro de una generación cuya historia sería escrita principalmente por hombres. Darwin reivindica su posición como mujer recorriendo de forma independiente calles, trenes, costas y periferias, construyendo durante décadas un archivo lejos del reconocimiento. Cercana al momento Provoke pero fuera de su mitología, Nishimura revela otra historia: silenciosa, itinerante, íntima y recuperada progresivamente a través de sus libros.